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Cómo hacer una tarjeta de sellos (y por qué pasarla a digital)

Publicado el · 5 min de lectura

La tarjeta de sellos es el programa de fidelización más viejo que existe y sigue funcionando por una razón sencilla: se entiende sin explicar nada. Diez casillas, diez compras, un premio. Cualquier cliente lo pilla a la primera y cualquier empleado sabe usarla el primer día.

Ahora bien, una tarjeta mal diseñada no fideliza: molesta. Estos son los cinco puntos que hay que decidir antes de mandarla a imprimir, y qué hacer cuando el cartón se te queda corto.

1. Decide si premias la visita o el gasto

Un sello por visita es lo clásico y lo más fácil de contar. Funciona cuando lo que se compra es parecido cada vez: un café, el pan, un menú del día, un corte de pelo.

Si tus tickets varían mucho, un sello por visita premia igual al que gasta 5 € y al que gasta 60 €. Ahí tienes dos salidas: poner un importe mínimo por sello («un sello por cada 10 €») o directamente usar puntos o cashback, que cuentan euros en vez de visitas.

2. Elige el número de casillas con la cabeza

El número correcto depende de cada cuánto viene tu cliente, no de lo que hagan los demás. La pregunta es: ¿en cuánto tiempo quiero que llegue al premio? Un objetivo razonable es entre uno y tres meses; más allá, la tarjeta se olvida.

  • Cafetería o panadería, cliente casi diario: entre 8 y 12 casillas.
  • Restaurante de barrio, visita semanal o quincenal: entre 6 y 8.
  • Peluquería o estética, visita cada cuatro o seis semanas: entre 5 y 6, o el premio queda a un año vista.
  • Comercio de compra ocasional: los sellos encajan mal; mira puntos o cashback.

3. Elige un premio que apetezca y que puedas sostener

El premio tiene que cumplir tres condiciones: que el cliente lo quiera, que sea tuyo —algo de tu casa, no un llavero— y que te cueste tu margen, no el PVP. Regalar el décimo café te cuesta lo que cuesta ese café de hacer, no lo que lo vendes.

Evita los premios que exigen negociación en el momento («algo de valor similar»). Cuanto más concreto, mejor: «el décimo café, gratis» no admite discusión; «un obsequio» sí.

4. Escribe la letra pequeña, aunque sea corta

En la tarjeta tienen que caber, aunque sea al dorso y en cuerpo pequeño, estas cosas:

  • Nombre y dirección del negocio, para que se sepa dónde vale.
  • Qué compra da derecho a sello, y si hay importe mínimo.
  • Cuál es exactamente el premio.
  • Si caduca, y cuándo. Si no caduca, dilo también.
  • Si es acumulable con ofertas o no.
  • Que la tarjeta la sella el establecimiento.

5. Piensa cómo se sella

Un bolígrafo no sirve: cualquiera puede hacer una raya. Usa un tampón con una forma que no se improvise, guárdalo detrás del mostrador y sella tú. No hace falta desconfiar de nadie, basta con que el sistema no invite a probar suerte.

Y cuida el reverso: deja un hueco para el nombre del cliente. Cuando alguien se deja la tarjeta olvidada, poder devolvérsela es un pequeño momento de fidelización gratis.

Los tres problemas que el cartón no resuelve

  1. Se pierde. La mayoría de tarjetas repartidas no vuelven nunca, y el cliente que se la deja en casa no acumula, se frustra y deja de pedirla.
  2. No sabes nada. No sabes cuántas hay vivas, cuánta gente se quedó a mitad ni quién no viene desde marzo. Solo ves las que llegan completas.
  3. No puedes avisar. No hay forma de decirle a alguien que le falta un sello, que es exactamente el mensaje que más funciona.

Cómo pasarla al móvil sin perder a nadie

La versión digital es la misma idea sin las tres pegas: el cliente escanea un QR, el sello queda en su móvil y tú ves lo que pasa. El cambio se hace en una semana si lo ordenas:

  1. Monta el programa digital con las mismas reglas que ya tenías. No aproveches para subir el listón: se nota.
  2. Deja conviviendo el cartón dos o tres meses y respeta las tarjetas en curso.
  3. Cuando alguien llegue con cartón, pásale los sellos que lleve a la tarjeta digital delante de él. Ese gesto es el que convence.
  4. Pon el QR donde se paga, no en la puerta. Se escanea mientras se cobra o no se escanea.
  5. Dale al equipo una sola frase: «¿Te apunto el sello? Escaneas ahí y no tienes que llevar nada encima».

Qué mirar el primer mes

Tres números bastan: cuántos clientes se han dado de alta, cuántos han llegado a la segunda visita y cuántos premios se han canjeado. Si se apunta mucha gente pero nadie llega al segundo sello, el problema está en el mostrador —no se les recuerda— no en la herramienta.

Toldea es una de las formas de hacerlo: tarjeta de sellos digital, el cliente acumula escaneando un QR desde el navegador sin instalar ninguna app, y el plan gratuito incluye una tarjeta de sellos, así que empezar cuesta 0 €. Si tu tarjeta de cartón funciona y te basta, tampoco hace falta cambiar nada: lo que no conviene es tener un programa del que no sabes nada.

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